En el mundo digital Google es un ejemplo de creatividad, eficiencia y capacidad, envidia de la mayoría de las empresas del sector de TI y amenaza, no reconocida por ella, de Microsoft.
China es un ejemplo de crecimiento, desarrollo, buena literatura y control.
En los países, los negocios llegan hasta donde a la política le conviene y así lo comprobó Google. Se le hizo fácil pensar que con su navegador la democracia llegaría a ese país y de pasada a todo el planeta. Se equivocó. Consideró que sería fácil mediante su tecnología ignorar las "recomendaciones" que el gobierno chino le hizo sobre las políticas de acceso a la información y se fue directo dando acceso a todo sin hacer caso.
El gobierno, de forma anónima, le tumbó su tecnología en un momento, mediante el consenso de estudiantes de universidades chinas con la figura de hackers, al fin de cuentas todos son anónimos, si no, no lo serían. Le demostró quién manda en ese país y que con el gobierno no se juega.
En Estados Unidos es mucho más fácil para cualquier persona tener acceso a la información, así funciona su sistema político, en China no es fácil, así funciona su sistema político.
El sistema político de un país es lo que a una computadora su sistema operativo. Lo que funciona para uno no necesariamente para otro distinto. Por lo tanto el sistema político de Estados Unidos funciona para Google pero no el de China.
La empresa ha tenido que instalarse en Hong Kong, no le ha funcionado como esperaba y ahora ha regresado a China, descafeinada y con una mucho menor actitud de reto al gobierno chino.
Hubiese sido un evento de profundas consecuencias para China si Google se haya salido con la suya. El sistema político y por lo tanto el país completo podrían haberse desbarrancado ante una apertura total de acceso a la información.
No solo el peligro se hubiera dado en China sino al mundo en general, lo que menos se desea es una guerra civil china.
Por lo tanto el gobierno norteamericano no hizo nada por defender a su empresa. El negocio llegó hasta dónde a la política le convino. Google deberá ir a un paso muchísimo más lento en China de lo que va en el mundo.
Eric Schmidt, director general de Google seguramente ha aprendido que la tecnología tiene sus límites y los encontró.
Basta con ver un poco la historia de China para ver cómo ha sido un pueblo controlado por sus gobiernos, desde la época de los Khanes. El cambio de régimen no ha implicado mayor libertad de su pueblo.
Corea del Norte y Cuba, los últimos países comunistas tarde o temprano y parece más bien temprano, se tendrán que abrir a la globalización y entonces Google podrá entrar de lleno. En China deberá ser paciente. Falta mucho.
Por el momento la bella sucumbió ante la bestia